domingo, 28 de septiembre de 2008

SIN QUEJAS


No es agradable levantarse para ir a trabajar teniendo que coger el coche durante más de una hora. No es el trabajo perfecto ni mucho menos y nadie, si pudiera, eligiría una jornada laboral así.

Pero me ha tocado hacerlo.

Por fin me bajo del coche. Después de atravesar un mar de pinares, el olor a sal marina me golpea el rostro. Entro en el Instituto. Guardia de recreo. Veo la Ría desde allí con los barquitos de cuento. Las gaviotas a dos metros de altura, gigantescas. Huele a aire sin humo. Doy mis clases de literatura y disfruto. Se me olvida el coche. Pienso.
¿Hay algo bueno en lo que hacemos por obligación?

Seguro que sí. Un camino agradable, un árbol que se mece con el viento, una flor nueva, una cara amable, una conversación en el desayuno, una canción a lo lejos, la mirada de un niño, un proyecto en la cabeza, sentir que estamos vivos...

Mirar más allá de las quejas, hacen más llevaderas la rutina y la obligación.
No volveré a quejarme.


lunes, 22 de septiembre de 2008

EL HILO




Soy una persona que tiende a planificarlo todo, a controlarlo todo y a intentar comprenderlo todo, y como también me gusta analizarlo todo, he llegado a la conclusión de que lo que pasa es que sé que vivo continuamente en lo imprevisible, en lo incontrolado y en lo inseguro.
Darme cuenta de esto es advertir el autoengaño al que me he estado sometiendo desde que me conozco, pero también me siento aliviada ahora que lo sé, porque las frustraciones de esas necesidades son más pequeñas que el placer de saber la verdad. Y la verdad es que estoy sujeta, como todo ser humano, a ese hilo fino que cuelga del mundo y que tengo dos opciones:
Obsesionarme con la idea de no caerme, intentando por todos los medios controlar el hilo, o aceptar la fragilidad humana que todos poseemos y no luchar contra ella, sino adaptarme al movimiento.
A lo mejor si elijo la segunda opción, le cojo gusto a estar flotando en el aire mientras dure mi estancia en este mundo.

domingo, 21 de septiembre de 2008

RINCONES


En un rincón de mi cerebro, te he dejado vivir y no me importa.
Allí bailamos a veces o te cuento aquellas cosas que me gusta compartir sólo contigo. A menudo invento puestas de soles, o vías lácteas para mirar a tu lado.

A veces te visito a diario y otras, pasan días en los que no me acuerdo de que existes aún en mi cabeza.

Que conste que podría echarte si quisiera, que sé dónde está el interruptor para apagar el recuerdo, y actuar como si nunca hubieras existido. Pero de momento, me hace bien tenerte como superviviente en ese rincón de mi cerebro. Donde te he dejado vivir. Para que no te mueras del todo.

domingo, 14 de septiembre de 2008

LAS CONTRADICCIONES


Decía un amigo filósofo que el ser humano occidental de la sociedad actual tiene que aceptar sus propias contradicciones. He aquí algunas de las que se me ocurren:

Tomarse un helado de postre y dos pasteles para la merienda, pero la bebida edulcorada,
tragarse horas de gimnasio, pero coger el coche hasta para comprar el pan,
ir al dermatólogo para preocuparse por los lunares, pero hartarse de sesiones de rayos uva,
decir que se es de izquierdas, pero si es posible librarse de algún impuesto, mejor,
trabajar más para tener más dinero, pero no tener tiempo para gastárselo,
presumir de que se es una mujer libre y liberada, pero ponerse al día un kilo de maquillaje,
tomarse un café para estar más despierto, pero después un somnífero para poder dormir,
querer un príncipe azul al lado, pero irse con el primer "capitán aventura" que aparezca,
tener muchos sitios donde ir, pero ningún refugio en el interior,
criticar el consumismo actual, pero tener en casa diez pares de zapatos,
despotricar de los programas basura de la televisión, pero encender la tele nada más se llega a casa,
decidir todos los días que éste será un día diferente, pero no tener valor para cambiarlo,
presumir de ser feliz, pero no encontrar nunca en el día un momento real para celebrar la vida...

Que conste que ninguno de nosotros está libre de las contradicciones actuales, pero quizás darnos cuenta de ellas, sea el primer paso para anularlas.

sábado, 13 de septiembre de 2008

MÚSICA TRISTE



Mi hija no quiere oír música triste. Se niega a hacer lo que hacemos los adultos de vez en cuando para recrearnos en vivencias y nostalgias, deleitándonos con una música que nos provoca pena o melancolía. Seguramente no comprende por qué los que estamos más o menos contentos, soportamos esa clase de melodías sin estallar a llorar y sin necesidad, y seguramente sería interesante preguntarnos el porqué nos gusta a veces escucharla.

Ella me ha hecho recordar con su actitud, que los sentimientos negativos innecesarios nos distraen de los positivos, que hay que buscar en nuestras vidas únicas cuantos más momentos alegres mejor. Por eso he decidido poner en el blog hoy una de sus canciones favoritas. Nuestra Celia Cruz endulzando una vida -nada fácil-, con su azúcar brillante, cantando una versión maravillosa del Sobreviviré.

¿Alguien desea bailarla conmigo?



domingo, 7 de septiembre de 2008

LA TELEVISIÓN


QUINO

Hace ya unos cuantos años que no veo la televisión. No tengo ni el aparato en sí en mi casa. Y no lo hago por esnobismo ni por llamar la atención, sino que más bien el asunto es algo incómodo. ¿No te has enterado de tal noticia?, ¿no sabes quién es fulanito?, ¿no has visto nunca tal programa? Y como un bicho raro, la respuesta es casi siempre negativa. No es agradable, no, de verdad, no poder seguir a veces el hilo de una conversación.
Lo peor de todo es que al ver de vez en cuando una película, me siento como un medieval que mira por primera vez esa caja extraña donde se ven personas cortadas por la mitad. Y no es que a mí me sorprenda el avance tecnológico de un televisor, puesto que me he criado con él, sino que las películas me emocionan demasiado, sufro, lloro, río, y hasta tengo crisis existenciales de unas horas por asistir a ese espectáculo de luces, sonidos y efectos especiales a los que ya no estoy acostumbrada.
No veo la televisión porque tengo otras cosas mucho mejores que hacer, y porque para descubrir algo bueno en ella, que seguro que lo tiene, tendría que tragarme kilos y kilos de tiempo perdido. No me merece la pena, a mí personalmente, que celebro la vida, gastarla inútilmente.

El tiempo es oro, como dice el refrán, y en estos que corren, donde más bien escasea, me resisto a tirarlo a la basura.

martes, 2 de septiembre de 2008

CADA VEZ MÁS VIEJA



Cuando me veo diez años atrás, me digo que cuanto más vieja, más maniática. Miro los ingredientes de los alimentos, me echo en la cara nada más que aceites, me he comprado nueces de lavado para no usar detergentes ni suavizantes, sustituyo en la medida de los posible medicinas por remedios naturales, y me compro cada vez menos cosas para sentirme más ligera. La miel pura, la ropa de algodón, los estiramientos, el té de media tarde...
Lo bueno de todo esto es que no supone -como muchos creen- un sacrificio para mí, sino todo lo contrario: cada vez disfruto más de estas pequeñas manías, de estos pequeños placeres.
Cuando mis hijos me piden de vez en cuando un donuts, no les digo que no, ni cuando quieren ir a una hamburguesería me niego o dejo de tomarme una hamburguesa. No soy radical en mis costumbres, pero al ver la lista de hábitos que he cambiado en los últimos tiempos, me da la impresión de que estoy haciéndome más vieja, y que, aunque parezca mentira, no me importa.