lunes, 18 de agosto de 2008

MODA


Me pregunto cómo se le podría explicar a uno de esos hambrientos del tercer mundo -que si tienen suerte comen una vez al día-, el significado de la palabra "moda".¿Qué se le dice? ¿Que unos señores que comen cinco veces al día si lo desean y tiran sus sobras a la basura, inventan cada año un modelito de ropa distinto, combinaciones de collares, zapatos, bolsos y demás complementos, usando para su elaboración las materias primas y finitas que tiene la naturaleza?

Cada año, casi todo el mundo occidental gasta en ropa, complementos y cremas varias -para llenar sus armarios, necesidades y frustraciones-, parte de un sueldo que debe ser lo suficientemente alto como para ir vestido como todo el mundo cada temporada, para no salirse del esquema, demostrar lo bien que se conservan o que se burlan del tiempo o lo delgados y morenos que están, porque esto los hará felices si lo consiguen, y si no, con una buena dosis de antidepresivos o ansiolíticos bastará.

¿Cómo se le explica a un hambriento la palabra moda? Sin que se eche a llorar, sin que se le quede una cara de tonto a quien se lo explica, por pertenecer al mundo que se sustenta con ese absurdo sistema...


Veo a gente preocupada por las arrugas, por no tener barriga o por no poder comprar veinte pares de zapatos que hagan juego con sus veinte bolsos, y me dan la impresión de estar prisioneros de la esclavitud de la moda, que es la mano derecha del consumismo.

Sobrevivo con cierta vergüenza y pena -aunque más libre- en este mundo occidental sin seguir las modas, porque las minorías que no siguen las tendencias no molestan demasiado, pero a veces me siento como el hambriento al que el concepto de moda se le antoja una ficción, un monstruo imaginario que en realidad no puede existir.


Lástima saber la verdad.

domingo, 17 de agosto de 2008

ESCRIBIR


Creo que este blog no lo lee nadie que yo conozca. Puede que algún que otro desconocido llegue por casualidad a la página y la lea, quizá. Pero no es realmente lo que más importa. Escribir debe bastar para satisfacer al que lo hace y el desahogo que experimenta es más que suficiente y placentero.
Escribir ayuda a mirar. Quien tiene la costumbre, observa con atención el mundo para retratarlo con palabras, y se mira más a sí mismo para intentar conocerse un poco más. Escribir es reinventar, revivir y recapacitar. Se vive dos veces cuando se escribe, se es un poco más libre y más amigo de sí mismo, se desamarran nudos, se piensa más lentamente, se sitúa uno fuera de los problemas, se distancian los laberintos y desde arriba es mucho más fácil conocer la salida.

Escribir es un oráculo, una brújula, un salvavidas y un verdadero placer.


Compartirlo sería estupendo, pero no es esa la razón poderosa que me invita a escribir.

domingo, 10 de agosto de 2008

LA PISCIFACTORÍA


Entré en una piscifactoría con la intención de comprar una trucha. Allí vi que en unas siete u ocho albercas vivían, organizados por tamaño, los peces, que por la cantidad y por la falta de espacio, no podían apenas nadar. Como una granja industrial de gallinas ponedoras, las pobres truchas luchaban por moverse dándose aletazos las unas contra las otras. Pero lo peor no fue esto. En los muros que separaban las albercas se veían algunos ejemplares de peces muertos, que queriendo escapar de esa vida sin espacio habían decidido saltar al otro lado del muro, sin saber que lo que les esperaba era un tanto de lo mismo.
No compré ni un pescado.


Mi homenaje para todos aquellos seres que deciden buscar un nuevo destino.

A pesar del riesgo o la quimera.

EN LA CIUDAD


De nuevo en la ciudad.
Llevo conmigo aún la imagen de las montañas en las pupilas, el aliento de la higuera, el sabor de las primeras moras, los huevos de campo, los tomates de huerta, las rosquillas caseras, la morcilla artesana, el queso de El Bosque, el olor del aire nuevo, los pulmones inflados, los tobillos más fuertes. Estoy ahora llena de todos los regalos que he recibido de las vacaciones. Espero que se vayan gastando muy lentamente. Al menos que me duren hasta que vuelva de nuevo a algún paraíso de estos que todos tenemos un poco más allá de nuestras ciudades con humo.

jueves, 7 de agosto de 2008

DOS HORAS



El otro día mi hija estuvo media hora preguntándome que cuánto faltaba para que fuéramos a un lugar al que ella deseaba ir con todas sus ganas.
-Dos horas- le dije.
-Pues yo quiero que pasen esas dos horas ¡ya!- me contestó.
Entonces le expliqué que si estaba pensando continuamente en ese momento, se iba a perder esas dos horas valiosas del día en las que podía hacer algo interesante y que la vida había que aprovecharla porque se acababa.
-Pero mamá, si la vida es muy larga- me contestó.
Entonces tuve dos opciones: una, no sacarla de su autoengaño y decirle que era verdad y otra, devolverla al mundo real y explicarle lo que todos deberíamos tener en cuenta siempre: que nunca sabemos cuándo vamos a morir porque la vida es imprevisible, y que sí, hay que aprovecharla y disfrutarla al máximo.
Aunque por unos instantes dudé, decidí al fin seguir con mi compromiso de vivir lo más plenamente posible y optar por la segunda opción.

No hubo dramas. Ni siquiera un ápice de decepción o extrañeza en su rostro. Los niños son sabios y aceptan las cosas tal y como son, si ven coherencia en ellas. Y además, es mejor que vayan sabiendo cuanto antes cómo funciona este mundo y que aprendan a absorberlo todo mientras puedan.
-Bueno, mami, voy a seguir jugando, pero avísame cuando pasen esas dos horas, ¿vale?

martes, 29 de julio de 2008

EN LAS MONTAÑAS


Por fin en las montañas. Con los ojos, el oído, el gusto, el tacto, el olfato, mi mejor miel, el té rojo, unas sandalias y la mejor compañía como equipaje principal, al fin estoy dentro del gigante ser viviente montañoso y verde. Leche verde, aire verde, suelo verde. Soy más yo y menos yo en la montaña. En este lugar no importa mi nombre, mi oficio, mis pertenencias. Soy una hoja más dentro del entramado de la naturaleza, que parece explotar por las mañanas cuando me levanto, parece brillar por la tarde cuando hago yoga, parece decir adiós por la noche cuando voy a dormir.
Es curioso, pero me acuerdo de lo que hice ayer y lo veo lejanísimo, como si aquí los minutos fuesen horas; el tiempo se estira y estos tres días de campo me han parecido semanas. Por eso parece que se vive más tiempo.
Hemos ido a un apicultor que nos ha enseñado su trabajo con las abejas, nos ha regalado un trozo de colmena para darle bocados, una bola de propóleo y un poco de miel que sabe a panal. Soy adicta a la miel y nunca he probado una cosa así en mi vida.
Veo saltar a mis hijos y si tuviera espíritu, iría volando con ellos. Ahora disfruto tres veces más de lo que disfrutaba antes con las pequeñas cosas. Porque ellos saben lo esencial para gozar de la vida y me lo contagian cada vez que ven un bicho nuevo, le dan de comer a un caballo, ven la figura de un gorila en una montaña, o se levantan por las mañanas con unas ganas terribles de salir al bosque que tenemos por porche.
Hacer yoga aquí y concentrarse en el placer del cuerpo cuando se estira es casi imposible. Mis ojos quieren mirar fuera, oler, escuchar, nada de meterse dentro. Así que hago un yoga extraño, que no tiene nada que ver con el que hago en el salón de mi casa, por mucho que abra las ventanas.
Me he planteado muchas veces venirme a vivir al campo, y porque sé que soy demasiado idealista y siempre veo las ventajas de las cosas y se me nublan las desventajas -que también existen-, no lo he hecho. Tengo motivos para quedarme en la ciudad, sobre todo porque no depende sólo de mí y porque tampoco es el infierno. Por esa razón quizás siempre tengo ganas de campo, y mis vacaciones de quince días, se convierten por arte de magia en la noción temporal y subjetiva de un verano completo.

lunes, 21 de julio de 2008

EL BARRENDERO DE MOMO


La vida, según Beppo Barrendero

(...)
¿Ves, Momo? A veces tienes ante ti una calle que te parece terriblemente larga que nunca podrás terminar de barrer. Entonces te empiezas a dar prisa, cada vez más prisa. Cada vez que levantas la vista, ves que la calle sigue igual de larga y te esfuerzas más aún, empiezas a tener miedo, al final te has quedado sin aliento. Y la calle sigue estando por delante. Así no se debe hacer. Nunca se ha de pensar en toda la calle de una vez, ¿entiendes? Hay que pensar en el paso siguiente, en la inspiración siguiente, en la siguiente barrida. Entonces es divertido: eso es importante, porque entonces se hace bien la tarea. Y así ha de ser. De repente, se da uno cuenta de que, paso a paso, se ha barrido toda la calle. Uno no se da cuenta de cómo ha sido, y no se queda sin aliento.(...)

Momo. Michael Ende

Beppo, el barrendero de Momo, tiene el secreto del estrés en su escoba, lo que llamaban los clásicos el Carpe diem. Intentaré imitarlo. Disfrutar del trocito de momento que estoy viviendo, ir barriendo despacito, tirar relojes, acordarme de respirar ahoras y aquíes, coleccionar placeres, pararme a mirar.
Invito a todo el mundo a leer este librito, que habla de unos señores grises y de la ansiedad por el tiempo.



domingo, 6 de julio de 2008

FELIZ CUMPLEAÑOS A MIS MANOS



Hoy es el cumpleaños de mis manos. Después de casi treinta años comiéndome y destrozándome los dedos, hace un año decidí dejarlas descansar y sanar, y no hacer gastar más energías a mi cuerpo para reparar diariamente lo que yo decidía -reconozco que con placer- hacerles.
Estoy orgullosa de haber dejado mi adicción. Éste es el resultado.

domingo, 29 de junio de 2008

GIORGIO NARDONE


Mientras los extranjeros hacían fotos de los termómetros de Sevilla, y las caras de los traseúntes parecían que iban a derretirse de un momento a otro, yo misma paseaba por esas calles horneadas desde Triana al centro. Más muerta que viva, llegué a donde me dirigía, o al menos la parte de mí que aún no se había evaporado, y me dispuse a escuchar al hombre que más había leído y admirado en los últimos años, pensando si de verdad merecía la pena el infierno por el que tuve que caminar a las cuatro de la tarde en ese horno de personas que es Sevilla.
Cuando llegué, un señor -Giorgio Nardone-, que vestía camisa rosa y pantalones turquesa y que alegraba la vista nada más verle, se sentó enfrente de nosotros y comenzó a hablar sobre las falacias de la depresión, esa enfermedad de moda que nos hacen temer las industrias farmacéuticas por toda la propaganda que de ella difunden. En seguida comenzó a hacernos reír, como ya saben los que han leído alguno de sus libros, con esa ironía que lo caracteriza y que desde luego lo salva de la presión a la que seguramente está sometido después de ver a 20 pacientes diarios.
No he gozado tanto en un curso como en este. Fue escuchar a un sabio. No podría resumir todo el contenido de sus teorías en una sola entrada de este blog, ni lo que transmitió con su presencia, pero desde luego, con él creo aún más en la idea de que todo son construcciones mentales que nos creamos o que dejamos que nos creen y que la mayoría de esas supuestas enfermedades mentales que se inventan para clasificar personas, no son más que los errores de unas soluciones que fracasan y que por lo tanto basta con buscar otras nuevas. De allí salí convencida de que podemos ser los reyes de nuestra mente y de que el bastón para caminar en tiempos difíciles no está en el contenido de una pastilla, sino dentro de nosotros mismos.
Gracias, Nardone, por venir a Sevilla, por habernos permitido escucharte y por dedicarte a abrir ojos varias veces al día durante ya más de treinta años.
Si repites el año próximo, allí estaré.

lunes, 16 de junio de 2008

CREO EN LOS ADOLESCENTES


Como el médico novato que llora cuando se muere su primer paciente, así me siento yo cuando se acerca el final de un curso.
He conocido a unos adolescentes que me han hablado de sí mismos todos los días, que me han echo reír, que me han contagiado su energía y a los que no veo, por mucho que se empeñen algunos profesores pesimistas, desmotivados con todo. Y es que yo me acuerdo cuando era como ellos y si me recuerdo bien, no era muy distinta.
Por eso apuesto por los adolescentes. Porque me recuerdan a mí cuando tenía quince años, porque han hecho un cuadernillo de poemas, porque no han cambiado tanto como dicen, porque se les ilumina la cara cuando les digo que hagan una entrevista a un superhéroe, porque han escrito cuentos de cien palabras, porque saben pensar si los dejamos, porque disfrutan creando si les damos la oportunidad, porque su "enfermedad" es pasajera, y son ellos quienes más la sufren o la gozan, porque pasan el día riendo y jugando aunque ya no son tan niños, porque creen que tienen en sus manos el mundo, porque sus pozos son más profundos, porque sus alegrías más intensas, porque los que dan la nota, son minoría y porque si no creemos en ellos, no creemos en nada.
No sé si algún día me haré tan dura como el médico que ya no llora si se le muere un paciente, pero ahora, siento no poder volver a verlos, y desde aquí, aunque no me lean, les deseo lo mejor.

jueves, 5 de junio de 2008

ALTERNATIVAS


Hace ya algunos años, mi cuñado enfermó de leucemia. A causa de las llagas que padeció en la boca por el tratamiento, casi no podía comer nada. Recuerdo entonces -y esto me sorprendía en aquel momento- las horas que se llevaba viendo en la televisión programas de cocina, donde al más inapetente ser humano le entraban unas ganas terribles de comer. Lo que para algunos podría ser una auténtica tortura, para él suponía extraordinariamente un verdadero alivio. Recrearse en la visión de la comida le reconfortaba.

Pienso en esto y me viene a la memoria cuando yo, aficionada a viajar, vi frustrada esta afición con el nacimiento de mis hijos. Entonces me dio por devorar libros de viajeros intrépidos, me compraba revistas de islas perdidas y hasta entraba con los niños en las agencias de viaje para recrearme en las imágenes y pedir folletos.

Por más que lo pienso, no veo masoquismo en estos ejemplos. El buscar una alternativa a las frustraciones, conformarse con una pizca de azúcar cuando no se puede comer un pastel, recordar lo que un día tuvimos o saber esperar con ilusión lo que puede estar por llegar, no es solo sano, sino que es la comprobación de que a veces es mejor recrear que realizar.
Pruébenlo en los tiempos grises.

domingo, 1 de junio de 2008

RE


Re.
Reinventar el mundo.
Construir con lo roto.
Levantarse.
Pintar estrellas.
Abrir paraguas.
Respirar pétalos.
Cortarse el pelo.
Gritar.
Saltar al pozo.
Salir.
Viajar a la luna.
Descalzarse.
Derribar paredes.
Beber té rojo.
Comer tierra.
Mirar al revés.
Desprogramarse.
Echarle miel al tiempo.
Revivir.
Re.

jueves, 29 de mayo de 2008

COMO NIÑOS


El otro día estaba sentada en el banco de un parque junto a otra madre, cuando se le acercó su hija de unos cinco años llorando desconsoladamente. Unos niños no la dejaban jugar y ella se sentía la niña más desgraciada del mundo, rechazada, abandonada, injustamente tratada. De repente en medio del llanto y la más absoluta amargura, vio entre lágrimas un columpio vacío. En una milésima de segundo su tristeza extrema se transformó en la más absoluta alegría y su rostro se iluminó por completo. En cuestión de menos de un minuto ya estaba montada en su columpio entonando una canción infantil. Puedo asegurar que en ese momento era la niña más afortunada y feliz del mundo.
Los niños tratan a las emociones tal y como son. Efímeras, pasajeras. Ellos viven la emoción, la sienten y la dejan ir de forma natural. Somos nosotros, los adultos, los que las enquistamos y retenemos, lamentando, razonando y esforzándonos para que se vayan. Y entonces, enfrascados en esta tarea de curarnos de ellas, pasan por delante los columpios vacíos de nuestras vidas y ni siquiera los vemos.
No sé en qué momento de la etapa del ser humano, éste deja de ser niño, y se empeña en curar algo que es de por sí pasajero, algo con lo que hay que vivir sin resistirse, que hay que dejar pasar sin dejar de contemplar el resto de mundo que está a nuestro alcance. Lo que sí sé es que nunca es tarde para darnos cuenta del error, porque ésta es la base de muchas depresiones y obsesiones en las que cae la sociedad adulta sobre todo. Porque olvidamos cómo jugábamos en el parque cuando éramos pequeños, porque olvidamos cuando éramos los reyes de nuestro universo mental, donde gobernaba el presente, cuando las emociones eran un mero juguete de usar y tirar, que a veces nos hacía reír y a veces nos hacía derramar lágrimas. Lágrimas hasta un nuevo columpio vacío.

domingo, 25 de mayo de 2008

AFÁN DE CONTROL



Tenía la heroica manía bella de lo derecho, lo recto, lo cuadrado. Se pasaba el día poniendo bien, en exacta correspondencia de líneas, cuadros, muebles, alfombras, puertas, biombos. Su vida era un sufrimiento acerbo y una espantosa pérdida. Iba detrás de familiares y criados, ordenando paciente e impacientemente lo desordenado. (...)
Cuando se estaba muriendo, suplicaba a todos con voz débil que le pusieran exacta la cama en relación con la cómoda, el armario, los cuadros, las cajas de las medicinas.
Y cuando murió y lo enterraron, el enterrador le dejó torcida la caja de la tumba para siempre.
Juan Ramón Jiménez.

Está claro que quien desee controlarlo todo, está destinado al más absoluto fracaso y a la más dura de las frustraciones.

viernes, 23 de mayo de 2008

NOCHE DE BRUJAS



QUISIERA SER ESA BRUJA QUE BAILA:

http://es.youtube.com/watch?v=MYKi5gta5p4

PREFERENCIAS


Me levanto. Con una ilusión infantil y frenética por desayunar. Bebo mi vaso de agua, me como unas nueces, me preparo un vaso de leche, cacao, miel y cereales solubles. El pan hecho en casa. Es una explosión de energía. Aceite y miel. De azahar, la favorita de una sabia señora que un día conocí. Pienso en esto cuando me meto el primer bocado en la boca. Delicioso. Me recreo. Cuando estoy a punto de llegar al éxtasis, mis hijos me despiertan del nirvana mientras la lengua se me hace agua.
-¡Mamá, mira lo que hacemos!
Los miro. Ellos son definitivamente aún más dulces que el desayuno que iba a disfrutar. Entonces me levanto y, por supuesto, me los como. A besos, claro.

lunes, 19 de mayo de 2008

EMPEZAR DE NUEVO




DA CAPO

Coge el agotado corazón como un guijarro
y arrójalo lejos.
Ya no queda nada.
Ya la última onda se extingue
en la maleza.
Al volver a casa, corta zanahorias, cebollas, apio.
Dóralos en aceite antes de añadir
lentejas, agua y hierbas.
Añade luego castañas asadas, un poco de pimienta, sal.
Por último, queso de cabra y perejil. Come.
Puedes hacerlo, créeme, es legítimo.
Vuelve a empezar de nuevo la historia de tu vida.

Jane Hirshfield

Dedicado a Miguel Ángel, -si lee esta página- y a todos aquellos que alguna vez han tenido que empezar la historia de sus vidas (incluida yo misma).

Este poema está sacado de una antología llamada Al diablo con el amor de Mary D. Esselmann
y no trata, como parece por el título, del rechazo de este sentimiento, sino de las distintas fases del desamor y de cómo superarlo. Es algo así como terapia poética.
Si alguien se encuentra en fase de desenamoramiento, recomiendo algunos libros fantásticos aparte de éste:
De Sergio Sinay, El Buen Amor; de Marcia Grad, el famoso La princesa que creía en los cuentos de hadas y de Carmen Amoraga, Algo tan parecido al amor.





domingo, 18 de mayo de 2008

EL MAGO



Si alguien no cree que se puede encontrar algún sentido a la vida a través de darse cuenta de que la vida no tiene ningún sentido -al menos que sepamos-, que lea El mago de Fowles.

sábado, 17 de mayo de 2008

SOMOS MÁGICOS


No lo pensamos, pero estamos hechos del tomate que nos comemos, del oxígeno que han fabricado las plantas y que antes estaba dentro de ellas, del hierro que nos dan las lentejas, de la estrella que estaba antes que el sol y que ahora navega dentro de nosotros en forma de polvo interestelar, de los fotones que viajan cada día desde nuestra estrella y que a través de sus rayos, nos acarician... Somos mágicos, no cabe duda. Pero hay quien se empeña en buscar la magia donde no la hay. Y cierra los ojos al verdadero milagro que sucede cada vez que nos paramos a percibir el mundo.
Deberíamos vivir todos los días en el reino del asombro.
Ya lo dijo Walt Whitman, aquel poeta cuya única religión era la vida...


DE "CANTO A MÍ MISMO" de WALT WHITMAN:

Yo me celebro y yo me canto.
Y lo que yo diga ahora de mí, lo digo de ti,

porque lo que yo tengo lo tienes tú

y cada átomo de mi cuerpo es tuyo también.

Vago... e invito a vagar a mi alma.
Vago y me tumbo a mi antojo sobre la tierra
para ver cómo crece la hierba del estío.
Mi lengua y cada molécula de mi sangre nacieron aquí,
de esta tierra y de estos vientos.
Me engendraron padres que nacieron aquí,
de padres que engendraron otros padres que nacieron aquí,
de padres hijos de esta tierra y de estos vientos también.

Tengo treinta y siete años. Mi salud es perfecta.
Y con mi aliento puro
comienzo a cantar hoy
y no terminaré mi canto hasta que muera.
Que se callen ahora las escuelas y los credos.
Atrás. A su sitio.
Sé cuál es su misión y no la olvidaré;
que nadie la olvide.
Pero ahora yo ofrezco mi pecho lo mismo al bien que al mal,
dejo hablar a todos sin restricción,
y abro de par en par las puertas a la energía original de la naturaleza
desenfrenada.

(...)

Para mí, una brizna de hierba no vale menos que la
tarea diurna de las estrellas,
e igualmente perfecta es la hormiga, y así un grano de
arena y el huevo del reyezuelo,
y la rana arbórea es una obra maestra, digna de
egregias personas,
y la mora pudiera adornar los aposentos del cielo,
y en mi mano la articulación más menuda hace burla
de todas las máquinas,
y la vaca, rumiando con inclinado testuz, es más bella
que cualquier escultura;
y un ratón es milagro capaz de asombrar a millones de
infieles.




lunes, 12 de mayo de 2008

LAS SEÑALES DE LA IRA



Había una vez un niño que siempre estaba malhumorado y de mal genio. Cuando se enfadaba, se dejaba llevar por su ira y decía y hacía cosas que herían a los que tenía cerca.

Un día su padre le dio una bolsa con clavos y le dijo que cada vez que tuviera un ataque de ira clavase un clavo en la puerta de su habitación. El primer día clavó treinta y siete. En el transcurso de las semanas siguientes el número de clavos fue disminuyendo. Poco a poco, fue descubriendo que le era más fácil controlar su ira, que clavar clavos en aquella puerta de madera maciza.

Finalmente, llegó un día en que el niño no clavó ningún clavo. Se lo dijo a su padre y éste le sugirió que cada día que no se enojase desclavase uno de los clavos de la puerta. Pasó el tiempo y, un día, le dijo al padre que ya había sacado todos los clavos. Entonces éste cogió de la mano al hijo, lo llevó a la puerta de la habitación y le dijo:

-Hijo, lo has hecho muy bien, pero mira los agujeros que han quedado en la puerta. Cuando una persona se deja llevar por la ira, las palabras dejan cicatrices como éstas. Una herida verbal puede ser tan dolorosa como una herida física. La ira deja señales. ¡No lo olvides nunca!

Jaume Soler. Aplícate el cuento.


Sentir emociones es del todo humano. Aunque no queramos admitirlo, todas las emociones que llamamos negativas pasan por nuestra psique muchas veces en la vida. La ira, la envidia, la tristeza, la rabia, la culpa, el miedo, la vergüenza... De nada vale reprimirlas, negarlas, reducirlas o asesinarlas. Ellas están ahí porque estamos fabricados de ese material emocional que para algo servirá. Pero en el transcurso de la vida, desde que somos aquel niño que tira al suelo el juguete que no puede montar o pega al hermano que no le deja ver la pegatina, hasta la edad adulta, vamos intentando controlar las emociones para no tirarnos de los pelos cuando no nos toca la lotería o para no pegarle a la vecina del quinto que está poniendo música a las dos de la mañana.
Lo malo de todo esto es que muchas veces en vez de controlar, reprimimos y nos recriminamos por sentir emociones que llamamos destructivas, y no aceptamos que forman parte de todos nosotros y que no tenemos que gastar energía en quitárnoslas, sino en controlar las consecuencias que ellas pueden producir. O sea, vivamos la ira, la tristeza o la vergüenza, pero no rompamos muebles, por estar enfadados, no nos tiremos de una azotea por estar tristes y no echemos pestes de alguien al que en realidad envidiamos y admiramos con locura. Porque las consecuencias de las emociones no controladas son a veces tan irreversibles como los agujeros de la puerta de este cuento.
Soy consciente de que es una empresa muy difícil, pero creo que merece la pena intentar ser los dueños de nuestros actos, los reyes de nuestras emociones.

miércoles, 7 de mayo de 2008

ALEGRÍA


Alegría

Llegué por el dolor a la alegría.
Supe por el dolor que el alma existe.

Por el dolor, allá en mi reino triste,
un misterioso sol amanecía.

Era alegría la mañana fría
y el viento loco y cálido que embiste.
(Alma que verdes primaveras viste
maravillosamente se rompía.)

Así la siento más. Al cielo apunto
y me responde cuando le pregunto
con dolor tras dolor para mi herida.

Y mientras se ilumina mi cabeza,
ruego por el que he sido en la tristeza
a las divinidades de la vida.

JOSÉ HIERRO

Este poema encierra una verdad sobre la naturaleza humana. Sobre todo lo miopes que somos los seres humanos. Y es que hasta que no nos damos con las narices en un muro, no nos damos cuenta de la facilidad con la que antes caminábamos; hasta que no enfermamos, no nos damos cuenta de lo bien que se está sano; hasta que no perdemos algo, no nos damos cuenta de cuánto lo apreciábamos, hasta que no estamos ante la muerte, no nos damos cuenta del valor de la vida...

Nos educan para resolver problemas matemáticos, escribir sin faltas de ortografía, atarnos los zapatos, comer con tenedor, o a saber decir gracias, por favor y perdone usted, pero cuando éramos pequeños, nadie nos levantaba diciendo: -¡Venga, que es un nuevo día, un nuevo regalo para disfrutar y aprender! Nadie nos enseñaba la maravilla de una hoja caída, o a beber agua de lluvia, o la magia de un simple ojo que puede ver el mundo de colores. Por eso crecimos en la miopía de lo extraordinario por tenerlo todos los días, por creer que es para siempre. Así, como ya lo tenemos todo, lo suyo es buscar y perseguir nuevas metas que nos satisfagan, y así está el mundo, repleto de gente que se queja porque no puede comprar un coche nuevo o no puede usar la talla 38 de pantalón, sin darse cuenta de que lo más valioso ya lo tiene.

Llegar por el dolor a la alegría es muy válido, es un camino como otro cualquiera para descubrirla, quizás el más utilizado por todos. Pero me niego a creer que sea el único. Me apunto a intentar educar a mis hijos desde la magia de lo ordinario, para que no tengan que arrepentirse de no haber aprovechado lo que la vida les regala diariamente, para que cuando les vengan los momentos de dolor, ya hayan recorrido al menos parte del camino de la alegría, que los espera hasta que pase la tormenta. Esa alegría que se nutre de lo que ya poseemos y que se encuentra entonces al alcance de todos.



domingo, 4 de mayo de 2008

LAS SOMBRAS


A veces pienso
en los trenes que dejé pasar,
en los poemas que no escribí,
en los cuadros que no pinté,
en el cuerpo que no amé,
en los proyectos que no pude acabar,
en los secretos que no descubrí,
en las palabras que me callé,
en los caminos que no recorrí,
en aquello que no volverá,
en las preguntas que no respondí...
Y podría tirar todo esto a la basura de mi cerebro,
como hago con casi todo lo material que no me sirve,
pero les he buscado un huequecito en mi cabeza,
y allí los he guardado.
A veces, me gusta visitarlos
para recordar lo que un día me enseñaron.
Porque gracias a renunciar o perder
-más o menos dolorosamente-
todo lo frustado,

puedo ahora disfrutar de los trenes que sí pude coger
y agarrar al vuelo las oportunidades.

A veces se me aparecen en sueños.
Pero forman parte de las sombras de la vida,
con las que hay que acostumbrarse a vivir.

lunes, 28 de abril de 2008

GENTE IMPORTANTE


LA PREGUNTA MÁS IMPORTANTE


Durante mi segundo semestre en la escuela de enfermería, nuestro profesor nos dio un examen sorpresa. Yo era un estudiante consciente y leí rápidamente todas las preguntas, hasta que leí la última:

"¿Cuál es el nombre de la mujer que limpia la escuela?"

Seguramente esto era algún tipo de broma. Yo había visto muchas veces a la mujer que limpiaba la escuela. Ella era alta, cabello oscuro, como de cincuenta años, pero, ¿cómo iba yo a saber su nombre?

Entregué mi examen, dejando la última pregunta en blanco.

Antes de que terminara la clase, alguien le preguntó al profesor si la última pregunta contaría para la nota del examen.

-Absolutamente- dijo el profesor. -En sus carreras ustedes conocerán a muchas personas. Todas son importantes. Ellos merecen su atención y cuidado, aunque sólo les sonrían y digan: "¡Hola!"

Nunca olvidé esa lección. También aprendí que su nombre era Dorothy.

Jaume Soler. Aplícate el cuento.

domingo, 27 de abril de 2008

LOS ESPEJOS

"Se cuenta que una mujer estaba sentada a la entrada de una gran ciudad. Se le acercó un viajero y le preguntó:
-Dígame buena mujer… ¿Cómo es esta ciudad?
-¿Cómo es la ciudad de donde vienes? –le preguntó ella.
-No es demasiado interesante –respondió el viajero-.
Es una ciudad triste, con gente desagradable y muchos problemas. Por esto me marché y busco un lugar mejor.
-Lo siento mucho –dijo la mujer-. Esta ciudad donde entrará es idéntica a la suya.

El viajero se fue cabizbajo. Después de un tiempo, un nuevo viajero llegó a las puertas de la ciudad, vio a la mujer y le preguntó:
-Dígame, buena señora … ¿Cómo es esta ciudad?
-¿Cómo es la ciudad de donde viene? –le preguntó la mujer.
-¡Ah…! Es una buena ciudad y muy interesante. Allí encontré buenos amigos y desarrollé grandes proyectos. Es una ciudad próspera y buena para vivir. Me fui para conocer lugares nuevos y así aprender.
-¡Está de enhorabuena, señor! –dijo la mujer-. ¡Esta ciudad es idéntica a la suya!
(Antiguo cuento oriental)

Vemos el mundo tal como nos vemos a nosotros mismos, somos espejos que percibimos la realidad a través del filtro de nuestros ojos. Despreciamos los aspectos negativos de otras personas porque en realidad habitan dentro de nosotros. Y amanos o proyectamos o inventamos aquellas maravillas que poseen los demás, pero que en verdad son las virtudes que más valoramos de nosotros mismos.
Así, tal y como nos sintamos, así sentiremos el mundo.

miércoles, 23 de abril de 2008

POR QUÉ HABLARÉ HOY DE MI AMIGA MARTA


Porque le gusta hacer pompas de jabón.
Porque sabe mirar.
Porque entiende el absurdo.
Porque construye puzles.
Porque disfruta de las cosas simples.
Porque está buscando.
Porque no le importa esperar.
Porque siempre escucha.
Porque hace fotos a los pies.
Porque chupa el agua del mar.
Porque ya van para veinte años.
Porque conoce mis secretos.
Porque ha aprendido a decir no.
Porque su color favorito es el verde.
Porque soy afortunada por haberla conocido.
Porque es mi mejor amiga.
Porque la quiero.
Porque estará siempre.
Porque de eso estoy segura.
Porque existen mil porqués más.
Y porque siguen creciendo...
Como ella.


domingo, 20 de abril de 2008

DROGADICCIONES


Como el drogadicto que necesita su droga y todo le recuerda a ella, así me siento yo hoy.
Estoy asomada a la ventana y el olor a tierra húmeda me lleva de repente a ese día nublado en que fui al Castaño del Robledo a comprar mermelada. Hace un momento me preparé un té con miel y su sabor me llevó al día en que me quedé a dormir en Benamahoma y salí al patio a contemplar la montaña que tenía enfrente. Esta mañana, cuando me estaba lavando la cara, me vino la misma sensación que tuve cuando me bañaba en la alberca de Jubrique este verano, con un paisaje de fondo que daba vértigo mirar...
Hay días en que las adicciones se alían con la memoria y ésta se vuelve completamente loca. Hoy es ese día. Todo me recuerda a mi droga. Nadie sabe. Nadie. Las ganas que tengo de ir al campo.

miércoles, 16 de abril de 2008

DESPOJARSE DE TODO


En la isla de Vancouver, cuenta Ruth Benedict, los indios celebraban torneos para medir la grandeza de los príncipes.
Los rivales competían destruyendo sus bienes.
Arrojaban al fuego sus canoas, su aceite de pescado y sus huevos de salmón; y desde un alto promontorio echaban a la mar sus mantas y sus vasijas.

Vencía el que se despojaba de todo.

(E. Galeano)

lunes, 14 de abril de 2008

LOS HIJOS


Mi hermano va a tener un niño a finales de año. Y comprendo sus miedos, sus dudas. Y entiendo que intuya que tras ese acontecimiento hay un antes y un después, aunque no sepa en qué va a consistir el cambio.
Yo no voy a darle consejos, porque la vida me está enseñando a dar cada vez menos, pero sí quisiera transmitirle que desde que nacieron mis dos hijos, veo el mundo igualito a este cuadro, y estoy sumergida en los colores, olores y sabores que ellos me regalan cada día, cada vez que los miro, que los observo, que los huelo, que me los como, que me hablan, que me escuchan, que se rebelan, que descubren, que se enfadan, que se despiertan, que desean, que dicen que no, que comprenden, que inventan, que viven en definitiva. Creemos que nosotros les enseñamos cosas, pero son ellos los que nos regalan esta visión del mundo, esa que olvidamos hace tiempo. Si sabemos ver la imagen que nos ofrecen, los miedos, las dudas, el cansancio o la frustración son sólo pequeños planetas negros dentro de un gigantesco universo de colores, listo para que lo disfrutemos.
Enhorabuena, José M.

viernes, 11 de abril de 2008

LA SUERTE


No creo en la suerte. No desde luego como algo predeterminado, como un ente con vida propia o como un objeto de valor que se tiene o no se tiene, con el que se nace o no se nace. No creo en esas frases sentenciosas tales como "las desgracias no vienen solas", o "parece que hoy es tu día de suerte", porque creer en ella es como creer en las hadas, en la rueda del destino o en algún dios que escriba nuestra historia. Y es posible que todas estas cosas existan, pero como cada día soy más agnóstica, prefiero no creer en la suerte. Me quedo con este señor que riega sus tréboles de cuatro hojas, incansable. Aunque algunas veces algunos de ellos se malogren por las circunstancias.

No me he encontrado nunca un trébol de cuatro hojas. Pero ahora que lo pienso... tampoco nunca los he buscado.

jueves, 10 de abril de 2008

LO ESENCIAL



LO ESENCIAL

A los tres años quiso un beso, a los diez pidió con todas sus fuerzas una bicicleta, a los diecinueve deseaba irremediablemente a una mujer, a los veinticinco necesitaba un trabajo, a los cuarenta quería tener una casa más grande y desahogada, a los cincuenta rezaba para que sus hijos fuesen gente de provecho, a los sesenta y cinco se preocupaba por tener dinero en el banco para su futuro, a los setenta y siete volvió a querer un beso, y a los ochenta y seis años, postrado en una cama y rodeado de amigos, familiares y seguridad económica, sólo pedía desesperadamente y a gritos vivir.

LA INTELIGENCIA


LA INTELIGENCIA

Jaime era tan inteligente que se había dejado los ojos estudiando una carrera de Ingeniería para ser el mejor de su promoción; era tan inteligente que trabajaba doce horas al día para ganar un dinerillo extra aparte del sueldo envidiable que ganaba; era tan inteligente que se compró un piso en la playa y no en la montaña, como a él le gustaba, porque era mejor inversión; era tan inteligente que había conseguido el prestigio social que siempre había deseado, a costa de no ser él mismo; era tan inteligente que por las noches, se tragaba una pastillita de valium, cerraba sus ojos para no pensar en la jornada de mañana y, con un dedo metido en la boca, dormía como si fuese un recién nacido, esperando ser cobijado por los brazos de su mamá.

miércoles, 9 de abril de 2008


DICE UN PROVERBIO INDIO:

No hay que ser fuerte, sino flexible.

domingo, 6 de abril de 2008

EL GÉNERO EPISTOLAR


Antes de Internet, cuando la gente quería comunicar algo a otra persona cuidando las formas, los detalles, las palabras, pensando bien lo que quería decir, reflexionarlo antes, contarlo despacito o simplemente adornarlo, recurría a las cartas. Estas tenían el poder de suscitar emociones intensas y provocar alegrías o desilusiones. Pero lo cierto es que eran pocos los que se atrevían a escribir cartas comprometidas, cartas difíciles o amorosas, cartas que veía el cartero o la madre del o de la adolescente, cartas en las que había que poner un sello y esperar a que llegara a su destino con la inseguridad de que se perdiera o no por el camino. El género epistolar no gozaba de auge en aquellos días sin red mundial.
Sin embargo, miro a mi alrededor y me doy cuenta de que ahora está tan de moda, que no pasa un sólo día sin que la mayoría de la gente reciba o escriba una carta. Se entablan amistades por correo, se agilizan citas por correo, se envían y reciben noticias por correo y, llegando a un extremo nada deseable, se insulta por correo, y hasta se rompen relaciones por correo.
Realmente el género epistolar está cada vez más presente en nuestras vidas. Pero no creo que esto sea negativo. No sólo por la rapidez, la seguridad, la intimidad o la facilidad comunicativa, sino porque a veces decimos en los correos electrónicos aquellas cosas que no somos capaces de decir en persona, por temor a que no nos escuchen o a que no digamos al final lo que de verdad queremos decir, ya sea porque la palabra hablada es frágil y poco reflexiva, ya sea porque la vergüenza o el miedo nos lo impida. No creo que una persona deba explicar cosas importantes sólo por correo y luego evitar hablar en persona con su destinatario, porque sería muy cobarde por su parte, pero también pienso que sin llegar a esos extremos, es una revolución que se haya vuelto a la confesión escrita, a la magia de las palabras que no lleva el viento, al valor de acercarse a una persona para regalarle algún que otro sentimiento.
Pido perdón si alguna vez he parecido cobarde por usar el correo para comunicar lo que me era más fácil decir de forma escrita, pero... ¿no es esto al fin y al cabo lo que han hecho siempre los poetas?

miércoles, 2 de abril de 2008

MILTON ERICKSSON


Hace unos pocos días me enteré de que el fundador de la terapia breve estratégica fue un tal Milton Ericksson. La historia de este psiquiatra es impresionante y merece ser contada.
A los doce años de edad fue víctima de la poliomelitis. Unos meses más tarde, oyó cómo un médico les decía a sus padres:
-A su hijo le queda esta noche de vida.
Ericksson, viendo el sufrimiento de su madre al oír esas palabras, decidió no dormir hasta el amanecer, convencido de que si pasaba de esa noche, su madre no sufriría tanto.
Por la mañana, le gritó a su madre:
-¡Sigo vivo!
Desde ese momento decidió sobrevivir siempre un día más, para retrasar el sufrimiento de sus padres.
Setenta y ocho años vivió. Y dejó una gran cantidad de libros sobre las capacidades del ser humano para superar sus propias limitaciones, sobre la nueva terapia breve y, sobre todo, nos dejó su ejemplo y su entrañable sonrisa.

miércoles, 26 de marzo de 2008

NO CREO


No creo que sea muy inteligente, pero sí he aprendido a sacarle el máximo rendimiento a mi inteligencia.
No creo que sea muy valiente, pero sí he aprendido a convivir con mis miedos.
No creo que sea muy culta, pero sí he aprendido a utilizar mis pocos conocimientos.
No creo que sea muy coherente, pero sí he aprendido a aceptar mis contradicciones.
No soy nada perfecta, pero sí he aprendido a quererme tal y como soy.
No creo que sea muy equilibrada, pero sí he aprendido a no hacerles caso a mis neurosis.
No creo que sea muy sabia, pero sí he aprendido a sacarle provecho a mis experiencias.
No creo que sea muy sensata, pero sí he aprendido a disfrutar de mis locuras.
No creo que el mundo sea de color rosa, pero sí encuentro todos los días algún motivo para celebrar la vida.

martes, 25 de marzo de 2008

LOS ADVERSARIOS


PAOLO COELHO EN EL MANUAL DEL GUERRERO DE LA LUZ ESCRIBE:

Para luchar, es preciso mantener los ojos bien abiertos. Y tener al lado compañeros fieles.
Sucede que, de repente, aquel que luchaba junto al guerrero de la luz pasa a ser su adversario.

La primera reacción es de rabia; pero el guerrero sabe que el combatiente ciego está perdido en medio de la batalla.
Entonces procura ver las cosas buenas que el antiguo aliado hizo durante el tiempo que convivieron juntos; intenta comprender lo que lo llevó a un cambio tan repentino e inesperado de actitud, cuáles son las heridas que se fueron acumulando en su alma.
Busca descubrir qué es lo que hizo que uno de los dos desistiera del diálogo.
Nadie es totalmente bueno o malo; el guerrero piensa en esto cuando ve que tiene un nuevo adversario.

En la vida se va aprendiendo que no hay que tomarse las cosas de forma personal, que siempre todos tenemos alguna que otra razón para actuar como lo hacemos; se aprende a justificar los daños que nos han causado sin meternos de nuevo en la jaula del león; se aprende a dialogar con quien sí quiere escuchar, se aprende a no amar a quien no desea ser amado, se aprende a decir adiós, se aprende a ver más allá de los ojos del adversario, que algunas veces también nos toma como enemigo. Y a veces, sólo a veces, se le puede escuchar cuando estamos en silencio. Y entonces, sólo entonces, creeremos comprenderlo.

lunes, 24 de marzo de 2008

POR QUÉ CELEBRAR


A veces me planteo cómo se puede celebrar la vida sabiendo cuántos puñales se clavan en quién sabe cuántas espaldas todos los días, cuántas dictaduras visibles e invisibles nos manejan, cuántos monstruos enriquecidos, cuántas lágrimas de niños hambrientos y maltratados, cuántas injustas salvajadas, cuánto dolor. Y me pregunto qué hago yo haciendo un blog de celebración y no de denuncia.
Entonces reflexiono sobre qué es lo que hace sonreír a un niño a pesar de estar hambriento, por qué canta con su guitarra a la luna un Martín Fierro al que le han arrebatado todo, por qué sigue andando el caminante cansado, por qué no pierde el humor aquel anciano enfermo de tantas cosas, por qué sigue bailando el bailarín aquel que sólo tiene una pierna, por qué escriben con los pies aquellos que no tienen manos, por qué sigue soñando aquel que ha perdido algún sueño, por qué sigue creciendo el árbol al que le han arrancado alguna de sus ramas, qué hace al ser humano renacer cuando ha muerto en vida... Y no tengo más remedio que profundizar en esto, y dejar el blog crítico para ocasiones donde la sangre me hierva, porque lo difícil en esta vida no es evitar lo inevitable -esto es más bien imposible- , sino que con los ojos abiertos a la realidad, sacar la fuerza suficiente para enterrar la pena y desenterrar la maravilla, y, a pesar de todo, gozarla.
Como dice una canción: A veces el llanto se vuelve canto en el andar. Esta es la gran meta de mi vida.

Llegué a Bluefields, en la costa de Nicaragua, al día siguiente de un ataque de la contra. Había muchos muertos y heridos. Yo estaba en el hospital cuando uno de los sobrevivientes del tiroteo, un muchacho, despertó de la anestesia: despertó sin brazos, miró al médico y le pidió:
- Máteme.
Me quedé con un nudo en el estómago.
Esa noche, noche atroz, el aire hervía de calor. Yo me eché en una terraza, solo, cara al cielo. No lejos de allí, sonaba fuerte la música. A pesar de la guerra, a pesar de todo, el pueblo de Bluefields estaba celebrando la fiesta tradicional del Palo de Mayo. El gentío bailaba, jubiloso, en torno del árbol ceremonial. Pero yo, tendido en la terraza, no quería escuchar la música, no quería escuchar nada, y estaba tratando de no sentir, de no recordar, de no pensar: en nada, en nada de nada. Y en eso estaba, espantando sonidos y tristezas y mosquitos, con los ojos clavados en la alta noche, cuando un niño de Bluefields, que yo no conocía, se echó a mi lado y se puso a mirar el cielo, como yo, en silencio.
Entonces cayó una estrella fugaz. Yo podría haber pedido un deseo; pero ni se me ocurrió.
Y el niño me explicó:
- ¿Sabés por qué se caen las estrellas? Es culpa de dios. Es dios, que las pega mal. Él pega las estrellas con agua de arroz.
Amanecí bailando.

Eduardo Galeano (El libro de los abrazos)

domingo, 23 de marzo de 2008

LOS HERMANOS


CANCIÓN FOLKLÓRICA ARGENTINA
LOS HERMANOS

Yo tengo tantos hermanos
que no los puedo contar,
en el valle, la montaña,
en la pampa y en el mar.
Cada cual con sus trabajos,
con sus sueños cada cual,
con la esperanza delante,
con los recuerdos detrás.
Yo tengo tantos hermanos
que no los puedo contar.
Gente de mano caliente
por eso de la amistad,
con un lloro pa’ llorarlo,
con un canto pa' cantar,
con un horizonte abierto
que siempre está más allá
y esa fuerza pa’ buscarlo
con tezón y voluntad.
Cuando parece más cerca
es cuando se aleja más.
Yo tengo tantos hermanos
que no los puedo contar.
Y así seguimos andando
curtidos de soledad,
nos perdemos por el mundo
nos volvemos a encontrar.
Y así nos reconocemos,
por el lejano mirar,
por las coplas que mordemos,
semillas de inmensidad.
Y así seguimos andando,
curtidos de soledad,
y en nosotros nuestros muertos
pa’ que nadie quede atrás.
Yo tengo tantos hermanos
que no los puedo contar.
Y una hermana muy hermosa
que se llama libertad.

Atahualpa Yupanqui

sábado, 22 de marzo de 2008

LA NOTICIA


Paolo Coelho escribe en Makbut:

"Querido discípulo, he de darte una noticia que tal vez todavía no sepas. Pensé en suavizarla, en pintarla de colores mas brillantes, llenarla de promesas del Paraíso, visiones de lo Absoluto, explicaciones esotéricas pero, aunque todo eso exista, no viene ahora al caso.

Respira profundamente y prepárate. Debo ser directo y franco, y puedo asegurarte que tengo absoluta certeza de lo que estoy diciendo. Es una previsión infalible, sin margen de error.

La noticia es la siguiente: Vas a morir.

Puede ser mañana, o dentro de cincuenta años, pero, tarde o temprano, vas a morir. Aunque no estés de acuerdo. Aunque tengas otros planes. Piensa cuidadosamente lo que vas a hacer hoy. Y mañana. Y el resto de tus días."


¿Sería el mundo igual que ahora si todos conociéramos de verdad esta noticia?








sábado, 15 de marzo de 2008


Hay que hacer de todos los días vacaciones.

lunes, 3 de marzo de 2008

Sin tiempo para bocetos

He hecho muchas tonterías en mi vida. Hablar demasiado cuando debía haber callado, callar cuando debía haber hablado, precipitarme en mil proyectos en los que quinientos no eran realistas, confundir algún que otro sentimiento, no saber bien quién fue quién y cómo, saltar sin paracaídas en alguna ocasión, ser ingrata, ciega o sorda en algunas otras, herir sin querer, dejarme herir también, fumar algún cigarro... Sin embargo, depués pienso en todos los aciertos que he tenido, y doy gracias a mis tonterías porque ellas forman parte del camino de los aciertos, y me doy gracias también por permitirme fallar y perdonarme en seguida, por aquello de quererme y no detenerme más de lo necesario en los errores.
Dice Milan Kundera que en la vida no hay tiempo para ensayar bocetos, sino que hay que pintar directamente el cuadro. Aunque el cuadro de mi vida tenga algún que otro borrón, sigo pintando, sigo inventando, sigo creciendo.